¿Los animales sueñan de forma consciente?
Un perro mueve las patas, gime suavemente y tensa los músculos, como si estuviera persiguiendo algo mientras duerme. Un gato mueve los bigotes y sus ojos se desplazan bajo los párpados cerrados. Este tipo de comportamientos recuerda a los sueños humanos, pero no constituye una prueba directa de que los animales estén soñando. Un animal no puede contarnos al despertar qué ha visto. Por eso, los científicos estudian el sueño mediante mediciones de la actividad cerebral, los movimientos oculares, la tensión muscular y la manera en que durante el sueño vuelven a activarse las huellas de experiencias anteriores. Muchos mamíferos y aves pasan por la fase REM, que en los seres humanos está relacionada con sueños frecuentes y vívidos. Sin embargo, hay que recordar que la presencia de la fase REM no permite afirmar automáticamente que un animal esté experimentando un sueño con un contenido concreto.
Algunas de las pruebas indirectas más sólidas proceden de experimentos realizados con ratas. Cuando una rata recorre una ruta determinada, ciertas neuronas del hipocampo se activan siguiendo una secuencia que corresponde a los lugares que el animal va visitando. Cuando posteriormente la rata descansa o duerme, vuelven a aparecer secuencias de actividad similares, a menudo de forma acelerada. Este fenómeno se conoce como reactivación o“replay” neuronal. Los estudios muestran que, durante el sueño, el cerebro reactiva información relacionada con las rutas recorridas recientemente, las recompensas y las decisiones tomadas. Esto puede contribuir a consolidar la memoria y favorecer el aprendizaje. Sin embargo, no demuestra que la rata esté viendo en sueños una “repetición” exacta de su recorrido por un laberinto. La actividad cerebral puede medirse, pero su contenido subjetivo no puede leerse directamente.
Los estados similares al sueño REM no se limitan a los mamíferos. Las aves presentan fases del sueño con numerosas similitudes respecto al sueño de los mamíferos, aunque sus líneas evolutivas se separaron hace cientos de millones de años. En 2022, los investigadores describieron también en las arañas saltadoras — pequeños arácnidos — períodos regulares de movimientos de la retina, contracciones de las patas e inmovilidad que recordaban a los comportamientos observados durante el sueño REM. Fue un descubrimiento fascinante, pero los autores no afirmaron que las arañas soñaran con certeza. Únicamente demostraron la existencia de un estado fisiológicamente similar al REM. La semejanza en el comportamiento todavía no nos permite saber si un animal experimenta imágenes, emociones o una historia consciente. Aún más difícil resulta responder a la pregunta sobre los sueños conscientes, conocidos como sueños lúcidos. En los seres humanos, se trata de una situación en la que la persona que está soñando se da cuenta de que está soñando y, en algunos casos, puede influir en el desarrollo del sueño. En experimentos, personas que se encontraban en una fase REM confirmada mediante mediciones pudieron responder a los investigadores utilizando movimientos oculares o contracciones musculares previamente acordados. Gracias a ello, pudieron comunicar mientras aún dormían que comprendían una pregunta y estaban realizando una tarea. Hasta ahora, no se ha desarrollado en ningún animal un método igualmente fiable que permita confirmar que reconoce su propio estado de sueño.
La respuesta más rigurosa es, por tanto, la siguiente: muchos animales probablemente experimentan alguna forma de sueño, ya que durante el descanso sus cerebros reactivan experiencias anteriores y pasan por estados similares a aquellos en los que sueñan los seres humanos. Sin embargo, no tenemos pruebas de que un animal sepa mientras sueña: «Lo que estoy viendo ahora no es la realidad». Soñar de forma consciente requiere reconocer el propio estado mental, algo que actualmente no podemos estudiar de manera fiable sin poder obtener una respuesta del individuo que está soñando. Quizá los animales sueñen con cazar, jugar o encontrar el camino de regreso a casa. La ciencia puede observar hoy el cerebro dormido, pero todavía no puede entrar en el mundo que ese cerebro crea.
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