¿Existen animales que nunca duermen?
Un gato dormido y acurrucado, un perro que dormita en el sofá o un pájaro que descansa en una rama: son imágenes que conocemos bien. Sin embargo, en el mundo animal el sueño no siempre tiene el aspecto que podríamos esperar. Algunas especies descansan con un ojo abierto y otras pueden dormirse mientras vuelan. Incluso existen organismos que entran en un estado parecido al sueño pese a no tener cerebro.
¿Significa esto que también hay animales que nunca duermen? La respuesta exige prudencia. Se han descrito el sueño y estados similares en grupos de animales muy distintos, pero no todas las especies se han estudiado a fondo. Que no veamos dormir a un animal no significa que pueda prescindir por completo del sueño.
¿Qué significa realmente que un animal duerma?
En los seres humanos, el sueño se asocia con los ojos cerrados, el cuerpo relajado y una menor percepción del entorno. Sin embargo, esta imagen no encaja con todos los habitantes de nuestro planeta. ¿Cómo podemos reconocer el sueño en una medusa o en una mosca de la fruta?
Los científicos examinan varias características. Comprueban si el animal reduce periódicamente su actividad, si durante ese tiempo responde menos a los estímulos y si puede volver al estado de vigilia con relativa rapidez. También investigan qué ocurre cuando se interrumpe su descanso. Una mayor necesidad de dormir después de haber restringido el sueño es una señal importante de que el estado observado no es simplemente una pausa ocasional en el movimiento.
Por tanto, la inmovilidad por sí sola no basta para afirmar que un animal está dormido. Puede permanecer quieto y, al mismo tiempo, observar atentamente su entorno. Por otro lado, el movimiento no siempre descarta el sueño, como demuestran los estudios de aves en vuelo.
Delfines: descansar con una mitad del cerebro
Los delfines son uno de los ejemplos más extraordinarios de la diversidad del sueño. Viven en el agua, pero respiran aire. Por eso necesitan llegar regularmente a la superficie y, al mismo tiempo, conservar la capacidad de orientarse en su entorno.
El sueño unihemisférico les ayuda a hacerlo. En este estado, un hemisferio cerebral presenta una actividad característica del sueño de ondas lentas, mientras que el otro permanece más alerta. Así, el delfín puede descansar y seguir nadando y vigilando sus alrededores.
Este mecanismo también está relacionado con mantener un ojo abierto: el que está conectado con el hemisferio que permanece despierto. Algunas aves utilizan una solución similar.
Esto no significa que los delfines nunca duerman. Su sueño simplemente no se parece a nuestro descanso nocturno. Es una adaptación que les permite conciliar la necesidad de dormir con las exigencias de la vida en el agua.
¿Se puede dormir mientras se vuela?
Las aves que vuelan durante varios días seguidos llevan mucho tiempo fascinando a los investigadores. Si un animal pasa un período prolongado sin aterrizar, ¿cuándo encuentra tiempo para dormir? ¿Se duerme en el aire o reduce temporalmente su descanso?
Las pruebas directas llegaron con estudios de fragatas en los que se registró su actividad cerebral durante el vuelo. Los resultados demostraron que estas aves realmente pueden dormir en el aire. Se observaron tanto períodos de sueño de un solo hemisferio como breves episodios en los que ambos hemisferios dormían simultáneamente.
Aún más sorprendente fue la cantidad de sueño. Las fragatas estudiadas durmieron durante el vuelo una media de unos 42 minutos al día, mucho menos que en tierra. Su sueño en el aire era breve y estaba dividido en pequeños episodios.
Estos resultados no deben atribuirse automáticamente a todas las aves que realizan largos viajes. El simple hecho de que una especie permanezca mucho tiempo en el aire no demuestra que duerma mientras vuela. Sin embargo, las fragatas muestran que incluso una actividad tan exigente puede dejar espacio para breves momentos de descanso.
Las moscas de la fruta también necesitan dormir
Solemos asociar las moscas de la fruta con el movimiento constante alrededor de la fruta madura. Sin embargo, estos diminutos insectos también tienen períodos de descanso que cumplen criterios importantes del sueño.
Los investigadores observaron que las moscas de la fruta eligen un lugar para descansar, permanecen inmóviles durante períodos prolongados y responden menos a los estímulos. Cuando se les impedía descansar de forma experimental, después aumentaban la cantidad de descanso. Esto indica una regulación biológica de su necesidad de dormir.
Así, un animal tan pequeño se ha convertido en un valioso modelo de investigación. Observar a las moscas de la fruta ayuda a los científicos a comprender los mecanismos que controlan el sueño y la vigilia, incluido el papel de los genes.
Su ejemplo nos recuerda que el tamaño de un animal no revela lo complejos que pueden ser los procesos de su organismo. Incluso un insecto que fácilmente pasa desapercibido tiene su propio ritmo de actividad y descanso.
Dormir sin cerebro: el extraordinario caso de las medusas
Uno de los descubrimientos más sorprendentes se refiere a las medusas del género Cassiopea. Estos animales no tienen un cerebro centralizado. Sin embargo, poseen una red nerviosa que les permite responder al entorno y coordinar su actividad.
Un estudio publicado en 2017 demostró que, por la noche, estas medusas reducen la frecuencia de las pulsaciones de su cuerpo. En ese estado también reaccionan más lentamente a los estímulos. Cuando se interrumpía su descanso nocturno, al día siguiente se observaban una menor actividad y una menor capacidad de respuesta, compatibles con la necesidad de recuperar el descanso perdido.
Este comportamiento cumplía los criterios de un estado similar al sueño. El descubrimiento respalda la hipótesis de que los orígenes evolutivos del sueño se remontan a una etapa anterior a la aparición de un sistema nervioso centralizado.
Por tanto, para dormir o entrar en un estado parecido al sueño no es necesario tener un cerebro construido como el humano. Esta es una pista importante para los investigadores que intentan comprender por qué surgió el sueño durante la evolución y cuáles fueron sus funciones originales.
Dormir poco no significa no dormir nunca
Las historias sobre animales que «nunca duermen» suelen surgir de la dificultad de observar su descanso. Si el sueño es breve, ocurre a horas poco habituales o no exige una inmovilidad completa, es fácil que pase desapercibido.
También conviene distinguir entre tres situaciones: un animal duerme poco, reduce temporalmente su sueño o no duerme en ningún momento de su vida. Son afirmaciones diferentes que requieren pruebas diferentes.
Tampoco podemos suponer que todas las especies recuperan el sueño perdido exactamente igual que los seres humanos. Las investigaciones muestran una gran diversidad de comportamientos y, en algunos animales bajo determinadas condiciones, no se ha observado el aumento habitual del sueño después de un largo período de vigilia.
Por eso, afirmar que todos los animales duermen de la misma manera y que siempre deben recuperar cada hora perdida sería una simplificación excesiva.
¿Existe un animal que realmente nunca duerma?
No hay pruebas suficientes para presentar una especie concreta como ejemplo indiscutible de un animal que pasa toda su vida sin ninguna forma de sueño. Al mismo tiempo, no hemos estudiado a todos los animales con la profundidad necesaria para descartar con certeza cualquier excepción.
La respuesta más honesta es, por tanto: el sueño está extraordinariamente extendido en el mundo animal, pero su universalidad y sus límites siguen siendo objeto de investigación. Reconocerlo puede resultar especialmente difícil en organismos cuyo comportamiento y sistema nervioso son muy distintos de los nuestros.
Un delfín que descansa con un hemisferio cerebral, una fragata que se duerme sobre el océano, una mosca de la fruta inmóvil y una medusa que pulsa más lentamente muestran lo prudentes que debemos ser al juzgar a los animales desde nuestra propia experiencia. Su descanso puede ser casi invisible para nosotros y, aun así, constituir una parte importante de su vida.
Al observar a un animal que parece estar siempre activo, merece la pena preguntarse: ¿realmente no duerme o simplemente todavía no sabemos reconocer su sueño?
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